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El mundo
que nunca fue color de rosa
ni azul submarino,
sigue en constantes mutaciones,
mezclas y separaciones,
casi nunca aleatorias.
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Algunas mudanzas,
más intensas y prodigiosas,
suelen dejar destapada
la naturaleza de los payasos,
el desmérito de los cobardes
y la hipocrisia del mal carácter.
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Quizás necesite una guerra
o la oleada de un gran crack
Quizás la muerte premeditada
sea la única forma de callar
el exceso de ventaja
en estas bocas cargadas
de ignorancia.
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Pero acabar con el prejuicio,
el egoísmo y la arrogancia
no es tarea fácil ni para Albert
ni para cualquier experto
en transformaciones atómicas.
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Cuántas generaciones más
tendremos que soportar
hasta que los ADNs reflejen
una consistente evolución humana?
Cuánta información manipulada,
olvidada, desechada
tendremos que tragar
en pequeños botes anestésicos
y falsas pinturas de ventanas,
hasta que toda esta cortina de humo
y los presuntos fantasmas vengan abajo?
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Lo cierto es que entre tantos zombís
y gananciosos coléricos
aún queda gente sana.
Gente capaz de decir la verdad
y vivir en la verdad.
De defender sus ideas
más allá de su jardín.
Y cada vez que haga falta,
establecer un tono de equilibrio
que nos introduzca en un nuevo ciclo.
Más real que la vida misma, su belleza escribiendo se ve potenciada por lo noble y valiente de su gran corazón.